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San Millán de Suso y de Yuso ¿Cuna del castellano y del euskera?

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Índice de contenidos

Descripción

Los orígenes del Monasterio de San Millán de Suso se remontan a finales del siglo VI, estableciéndose una comuna monástica visigoda (cenobio) en torno al sepulcro del ermitaño Emiliano (San Millán). La importancia histórica de este monasterio es extraordinaria tanto desde el punto de vista arqueológico, como artístico, espiritual, lingüístico y literario. Pero si el Monasterio de San Millán de Suso es fascinante, no lo es menos el Monasterio de San Millán de Yuso, a menos de un kilómetro de distancia. Ambos monasterios forman un conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

 

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La figura de San Millán

A diferencia de otros santos y personajes legendarios, la vida de San Millán está abundántemente documentada, precisamente la documentación es lo que hace del Monasterio de San Millán de Suso un lugar tan especial.

San Millán era un pastor que a la edad de veinte años decidió dedicarse a la vida ascética (doctrina filosófica y religiosa que busca purificar el espíritu por medio de la negación de los placeres materiales). Para ello, se unió a un eremita llamado Félix (San Felices de Bilibio) con el que convivió durante tres años en una cueva cerca de Haro. Como culminación de su ascetismo se instaló en una cueva recóndita en la que vivió 40 años en soledad.

Conocedor de sus virtudes, el obispo de Tarazona lo nombró párroco de Berdejo, su pueblo natal. Pero su generosidad con los necesitados le costó enfrentamientos con el resto de clérigos, por lo que decidió refugiarse en una recóndita cueva en lo que hoy día es San Millán de la Cogolla. En este lugar murió en el año 574 a la edad de 101 años, todo un «milagro» para la época. Las reliquias de ambos santos (San Felices y San Millán) reposan el Monasterio de San Millán de Yuso.

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Durante su vida de ermitaño se le fueron uniendo discípulos, excabando nuevas cuevas y transformando la vida eremítica en comunidad cenobítica (embrión de la vida monástica). Según avanza la reconquista el sepulcro de San Millán se convierte en lugar de peregrinaje donde reyes y condes acudían para encomendar sus batallas contra los musulmanes.

Según la leyenda, San Millán se apareció en la batalla de Simancas (939) en la que se enfrentaban castellanos y navarros contra los musulmanes, convirtiendo a San Millán en patrono de Castilla y de Navarra. En el año 1002 Almanzor incendia el monasterio y en 1030 Sancho Garcés III (rey de Pamplona y conde de Aragón) restaura y amplia el monasterio en estilo románico.

San Millán de Suso, una de las cunas del castellano y primeros textos escritos en euskera

En 1911 el historiador Manuel Gómez Moreno transcribió las Glosas Emilianenses, un conjunto de anotaciones explicativas en el margen de los códices escritos en latín. Estas anotaciones (datadas a finales del S.X o quizás principios del S.XI) responden al idioma que se hablaba comunmente en la zona en aquel tiempo y que se puede identificar como pre-castellano (romance). Curiosamente, algunas glosas están escritas en euskera, siendo los primeros testimonios escritos en papel en esta lengua.

Las Glosas Emilianenses fueron consideradas durante muchos años «La Cuna del Castellano», pero en 2010 la Real Academia de la Lengua avaló como «protocastellano» los Cartularios de Valpuesta (Burgos) que datan del S. IX y por tanto serían anteriores a las Glosas Emilianenses.

¿Es San Millán de Suso la cuna del castellano?

Este es un debate abierto en la comunidad ligüística, no se trata solo de la datación de los escritos sino también del grado de asociación con lo que hoy día entendemos como castellano. Al fín y al cabo, tanto las Glosas Emilianenses, como las Silenses, como los Cartularios de Valpuesta lo único que hacen es reflejar por escrito el habla de las gentes en esos lugares y épocas.

Podemos concluir que el castellano tiene varias cunas, pero hay otro factor que situa a San Millán de Suso como el centro más importante del inicio del castellano, la figura de Gonzalo de Berceo, monje de este monasterio y primer poeta de nombre conocido en castellano.

¿Es San Millán de Suso la cuna del euskera?

No, el euskera es un idioma ancestral que en diferentes épocas fue hablado en gran parte del norte de la península. Lo que ocurre es que ni el romance ni el euskera eran considerados idiomas «cultos» y aunque fueran hablados por la gente común, el idioma de la escritura era el latín. Hasta la aparición de las Glosas Emilianenses, el euskera aparecía solamente en escritura epigráfica (en piedra), mayormente en lápidas funerarias.

Se puede afirmar que San Millán de Suso es la cuna del euskera escrito.

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Precio de la entrada San Millán de Suso:

General: 4€

Monasterio de San Millán de Yuso, una maravilla de estilos herreriano y barroco

El monasterio de San Millán de Yuso fue manadado construir en el año 1053 por García Sánchez III, rey de Navarra y conde de Castilla. Dice la leyenda que el rey quiso trasladar el sepulcro de San Millán al recien construido Monasterio de Santa María la Real de Nájera, pero los bueyes que tiraban de la carreta no quisieron salir del entorno de San Millán de la Cogolla, lo cual fue considerado como milagro por el rey y toda su comitiva «El milagro de San Millán».

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Como interpretación de esta «señal divina» el rey mandó construir un nuevo monasterio en San Millán como tributo al santo de su devoción. El nuevo monasterio se llamó «de yuso» («de abajo» en castellano antiguo) en contraposición a «de suso» («de arriba» en castellano antiguo).

El nuevo monasterio se construye en el estilo románico de la época, pero en el siglo XVI es demolido y reconstruido en estilo herreriano, posteriores ampliaciones y reformas incorporan el estilo barroco. No te pierdas nuestros artículos sobre estos estilos arquitectónicos, quizás sea buena idea suscribirte a nuestra newsletter para no perderte nuestros próximos artículos.

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El monasterio de San Millán de Yuso alberga el sepulcro de San Millán, con un maravilloso marfil románico a modo de «tebeo medieval» con figuras y textos. También alberga el sepulcro de San Felices y siete sepulcros que podrían corresponder a los siete infantes de Lara, todos ellos procedentes de San Millán de Suso.

El monasterio de San Millán de Yuso posee también una impresionante biblioteca con innumerables obras incunables, toda una referencia en el estudio lingüístico.

Desde el punto de vista arquitectónico, el Monasterio de San Millán de Yuso tiene elementos de gran interés, como el Salón de los Reyes, los claustros, la iglesia, etc.

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Precio de la entrada San Millán de Yuso:

General: 6€

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